Pontificia y Venerable e Ilustre Hermandad de Nuestra Madre y Señora de la Soledad y Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo.

Historia:

Frente a la muralla del antiguo Jerez y más concretamente, a la torre albarrana que sirve de esquina entre las calles Por-vera y Ancha, se funda en el año 1543 el convento de Padres Mínimos de San Francisco de Paula, con el nombre de Monasterio Virgen de la Victoria.

Este nombre se lo dan los monjes mínimos a todos sus monasterios, inclusive ellos mismos se definen como monjes victoriosos y monjas victorias. Hoy en día en Jerez, aún existe una calle llamada “Monjas Victoria”. Estos monjes eran unos fervorosos propagandistas de la devoción a la Virgen de la Soledad y en numerosos monasterios de la Orden, se hallarán por ello, con cofradías erigidas bajo el título de la Soledad.

La Hermandad se funda el 6 de mayo de 1564 con el título de Virgen María de la Transfixión y Soledad y Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo, por fieles devotos que no dudan en constituir una cofradía con profundo espíritu de piedad y devoción. De acuerdo con sus reglas aprobadas, salía en procesión a las seis de la tarde del Viernes Santo. Esta procesión a lo largo del tiempo cerraría los desfiles procesionales de la Semana Santa de Jerez, pues se entendía que representaba el misterio posterior al entierro de Cristo.

Esta Hermandad es una de las tres que en la Semana Santa de Jerez, procesionó al principio con sólo el paso de palio, aunque a finales del siglo XIX y principios del siglo XX,  realizaba Estación de Penitencia con paso de misterio con la imagen de María Magdalena al pie de la Cruz.

La cofradía siempre salía con el paso de palio, hasta el año 1958,  por la puerta principal de la iglesia. En ese año, y con una gran expectación en Jerez, procesionó por primera vez el paso de misterio, que venía precedido de la fama de ser el de mayores dimensiones, no solo por sus andas sino también por el número de figuras que componían el misterio.

Imágenes:

El Señor del Descendimiento

Es todo de talla y de tamaño natural bien cumplido. La policromía es transparente y suave. Es obra de Luis Ortega Bru. La imagen forma parte del grupo escultórico realizado entre los años 1950 a 1957.

Nuestra Madre y Señora de la Soledad

Esta Dolorosa tallada en madera de cedro y pino, de tamaño natural y de candelero, es obra del escultor José Fernández Pomar, realizada en el año 1803. Fue restaurada en el año 1994 por Isaac Navarrete y Rosario Martínez Lorente.

Es una Dolorosa de extraordinario realismo, con profundo sentido espiritual y místico reflejados estos detalles en los ojos, que miran hacia abajo, ya que entre sus manos, cubierto delicadamente por un pañuelo, sostiene con suavidad uno de los clavos que traspasaron a Cristo.

La cabeza hace un leve giro a la derecha. La boca está entreabierta, con un rictu de dolor suave y amargo al mismo tiempo. La nariz es cásica y recta. De expresión ensimismada y sus manos de dedos finos y largos.

Los detalles de esta Dolorosa, revelan congoja, piedad, admiración, resignación, suavidad, ternura y emotiva delicadeza

Marchas Procesionales:

“Soledad de Madre” – Jerónimo Sánchez Llamas

“Amanecer de un Viernes Santo” – José Luis Balao

“Nuestra Señora de la Soledad” – Germán Álvarez Beigbeder

“Soledad” – Maestro Villatoro

“Nuestra Señora de la Soledad” – Andrés Muñoz

“Soledad de Viernes Santo” – Luis Manuel Mejías

“Reina de la Porvera” – Javier Alonso Barba